Columna de opinión de la investigadora del CEHUM, y especialista en dimensiones humanas de la conservación, Dra. Marcela Márquez G.

Hace poco, un grupo de mujeres que nos dedicamos a la ciencia y práctica de la conservación, publicamos un artículo en la revista Biological Conservation, donde abordamos los desafíos y las oportunidades que enfrentamos las mujeres que nos desempeñamos en este campo en América Latina.

La experiencia compartida con más de 160 mujeres de la región latinoamericana nos muestra que la conservación de la naturaleza no será efectiva si no es también una lucha por la equidad.

Durante años, las mujeres hemos sostenido silenciosamente gran parte del trabajo de conservación. Estamos en el territorio, en la ciencia, en la planificación y toma de decisiones. Sin embargo, seguimos enfrentando barreras que no son técnicas, sino estructurales: cargas desiguales de cuidado, falta de políticas institucionales justas y, en muchos casos, violencia que limita nuestra participación y seguridad. No es solo una brecha; es un sistema que condiciona quién puede liderar y quién queda atrás.

Nuestro trabajo buscó escuchar esas experiencias. A través de 5 talleres con representantes de 16 países, construimos colectivamente un diagnóstico, pero también algo mucho más potente: una red. La Red de Mujeres en Conservación (RedMeC) nació de esa necesidad urgente de dejar de trabajar aisladas y comenzar a incidir juntas. Porque cuando compartimos nuestras historias, dejamos de sentirnos como una excepción y nos reconocemos como parte de un patrón que exige transformación.

La evidencia es clara: la diversidad de género mejora la ciencia y fortalece las soluciones. No integrar a las mujeres no es solo injusto, es ineficiente. La crisis ecológica que enfrentamos actualmente requiere soluciones eficaces, creativas e innovadoras, por lo tanto necesitamos ir más allá y considerar todas las miradas, todos los saberes, todas las voces.

Hoy el desafío es pasar del diagnóstico a la acción. Las organizaciones deben asumir su responsabilidad: generar espacios seguros, reconocer el cuidado como una tarea colectiva y garantizar oportunidades reales de liderazgo. Luego de este trabajo, logramos consolidar una agenda de acción continua que propone estrategias concretas para influir estructuralmente en las políticas públicas y las organizaciones.

Tenemos una gran tarea por delante. El futuro de la conservación depende directamente de nuestra capacidad para garantizar espacios más diversos, inclusivos y seguros para quienes cuidan la naturaleza.

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